Post 18 – El Cultivo de la Aurora
La consagración del espacio íntimo como territorio de poder. Una pieza de 1996 donde la saturación de tramas polícreas y la iconografía del árbol de ojos consolidan la soberanía espiritual afrodescendiente.
El Manifiesto de la Sabia Ardiente
Esta categoría representa la cúspide del pensamiento plástico de Justo Alfonso Aguilar Tapia. Lejos de ser una simple documentación de costumbres, la serie Realismo Mágico Decolonial es un acto de soberanía estética donde la fisionomía afrodescendiente se desprende de las narrativas de marginalidad para habitar un plano de deificación y éxtasis rítmico.
A través de esta selección curada de 25 obras maestras, el espectador es testigo de una metamorfosis: instrumentos que levitan, frutos que se transforman en tótems místicos y una paleta de rojos, púrpuras y pigmentos metálicos que actúan como un “relámpago de identidad”. Aguilar Tapia, en su rol de documentalista visual y bajo el mecenazgo de la Galería Marchal, utiliza el Realismo Mágico no como un adorno, sino como una herramienta política para elevar la cultura de Limón a una categoría cósmica y universal.
Esta sala es el cierre del testamento pictórico del autor. Aquí, la “redondez exquisita” de sus figuras y la “gallardía” de sus protagonistas celebran una prosperidad espiritual inagotable. Es el punto de encuentro donde la investigación sociológica se funde con la trascendencia del espíritu, ofreciendo una visión de las Américas que es, a la vez, una victoria sobre el olvido y una sinfonía de libertad eterna.
La consagración del espacio íntimo como territorio de poder. Una pieza de 1996 donde la saturación de tramas polícreas y la iconografía del árbol de ojos consolidan la soberanía espiritual afrodescendiente.
La culminación de un laboratorio visual de tres décadas. Una pieza donde la materia se espiritualiza a través del ritmo y la mujer se erige como guardiana absoluta del tesoro festivo del Caribe.
El valor de un documento de proceso. Un apunte portátil sobre papel de agenda donde Aguilar Tapia ensaya la síntesis del volumen y dicta la paleta de sus futuras obras monumentales.
La culminación de la relación entre anatomía y música. Una obra de autoridad museística que trasciende el boceto para convertirse en un documento definitivo de soberanía racial.
La transmutación de la bitácora en obra de museo. Una pieza donde el Realismo Mágico vence a la gravedad y el lienzo se convierte en un territorio de éxtasis rítmico y justicia histórica.
La maduración de la “bitácora del color”. Una pieza donde la abundancia rítmica espiritualiza la materia, transformando el papel bond en un territorio de gallardía y música eterna.
Una pieza de vibrante cromatismo donde el color es el motor de la composición. Aguilar Tapia reclama una “estética plástica” unificada por el sonido, la piel y la abundancia del Caribe.
El inicio de un nuevo capítulo. Un escenario infinito donde el sabor, el sonido y la piel se funden en una “sinfonía del tercer tiempo”, decolonizando la mirada a través de la gallardía y el goce.
Un homenaje a esas mujeres que salvan la depresión Social Sexual”. Una obra donde la plumilla captura la verdad cruda de una anatomía que cumple con el instinto por encima de cualquier condición social.
“Todo ha cambiado de forma total”. Un ejercicio de memoria comparativa donde la plumilla esculpe la anatomía del trabajador desplazado y reclama la nobleza del origen Inka frente a la “nueva esclavitud” del capital.