Polarización vs Globalización Arte Conceptual (2008) de Justo Aguilar Tapia Colección, Galería Marchal
La obra “América y la Humanidad. Polarización vs Globalización, obra conceptual XII”, pintada en 2008 por el maestro Justo Alfonso Aguilar Tapia, se revela hoy como una pieza profética que anticipa con crudeza la distopía global que se intensifica en el siglo XXI. Aguilar Tapia, referente del arte peruano y figura central en el arte latinoamericano contemporáneo, articula una mirada crítica y penetrante desde el prisma del arte conceptual. Esta obra, parte de una serie de más de 27 piezas conceptuales desarrolladas entre 1999 y 2014, fue concebida mucho antes de que el mundo percibiera con claridad los efectos sociales, económicos y culturales del conflicto comercial, primero entre Estados Unidos y Rusia, y tras el intento fallido de subyugar a esta última, reorientado hacia China. Estados Unidos ha sufrido un daño autoinfligido, marcado por la guerra arancelaria, el discurso de odio trumpista contra inmigrantes, vecinos políticos y la eurozona; la quiebra de empresas como Tesla; empresarios que promovieron políticas “libertarias” —cuando no abiertamente “fascistas”—; y una represión interna que ha dejado al país al borde de una recesión inminente. Sin embargo, el mensaje de Aguilar Tapia —tanto visual como textual— se alza como un vaticinio descarnado de la geopolítica contemporánea.
La pintura está estructurada con una densidad de símbolos, inscripciones y códigos visuales que funcionan como un mapa crítico de la economía global, el poder mediático y la marginación estructural. El texto inscrito en la misma obra —un manifiesto fragmentado y multirreferencial— combina nombres, fechas, corporaciones, ideologías y frases que sintetizan la crítica a la estructura oligárquica del modelo de globalización:
“Con el viejo principio, todo para nosotros nada para los demás, la organización oligárquica global sanciona diz que por ser país de los incluidos…”
Este principio —claramente inspirado en los orígenes del capitalismo moderno— aparece como una denuncia directa a la herencia de Adam Smith, a quien Aguilar Tapia invoca para luego cuestionar su legado.
Aguilar Tapia identifica a dos bloques claramente diferenciados: el país de los incluidos y el país de los excluidos. Esta dualidad no solo plantea una fractura económica, sino una polarización geoestratégica que se manifiesta en múltiples niveles:
Transferencias del Sur al Norte de $440,000 billones (1982–1990).
Relocalización de plantas industriales como General Motors a México y Alemania Oriental.
La creación de empleo fuera del país de origen y la degradación salarial interna.
“El antiguo país central puede entrar en declive por el mismo proceso mediante el cual sus principales empresas logran beneficios muy importantes.”
La obra enfatiza que la globalización no es integración, sino dominación. Las grandes corporaciones transnacionales como Microsoft, Nestlé, BBC, ABC, Transtel o industrias armamentistas como Army USA y Los Álamos actúan como agentes de una reconfiguración del poder. Esta visión está inscrita en frases como:
“La globalización es la hegemonía de un solo polarizador… maximalización de los comercios y no la potenciación de su propio país.”
Este concepto de “polarizador único” deja claro que el modelo económico actual no busca el bienestar común, sino el monopolio del poder económico, militar y mediático.
“Ya nadie cree porque no hay credibilidad… estamos viviendo un estilo de vida de esclavo del siglo XXI y no nos damos cuenta.”
El pintor conceptualiza una humanidad atrapada entre el consumo, la automatización y la pérdida de sentido. La figura del “nuevo hombre artificial” —un híbrido entre el golem, el homúnculo de Paracelso, un robot y una cucaracha— representa la degradación del ser humano frente al avance de la técnica:
“La composición quimicobiológica del homúnculo de Paracelso… la inmunidad de una cucaracha… la capacidad de memoria de ordenador.”
Este ensamblaje simbólico prefigura lo que hoy entendemos como transhumanismo, denunciando desde 2008 los peligros éticos, políticos y sociales del tecnocapitalismo.
Una sección del texto denuncia la eliminación planificada de toda institucionalidad nacional por parte de los actores globales. La obra conceptualiza cómo los modelos de frontera y los principios de defensa nacional son sistemáticamente desmantelados:
“Todo intento de integrar modelos de frontera o dentro del Estado Nación es penalizado por la lógica del modelo.”
Esto encaja directamente con la palabra clave conspiraciones, aquí resignificada no como teorías sin fundamento, sino como planes estructurados para la subordinación de las soberanías nacionales a los intereses del capital transnacional.
La obra despliega un arsenal simbólico de nombres históricos y contemporáneos que no están dispuestos al azar:
Winston Churchill, Roosevelt, Stalin, Mao, Lenin, Einstein, Freud.
Karl Marx, Lim Biao, Yamato, Telstar, Lean T.
A través de estas menciones, Aguilar Tapia genera un contrapunto entre los modelos antiguos de poder y los nuevos sistemas que actúan sin rostro, sin bandera, sin nación. La mención a Museo Ludwig y Museo Wallraf Richartz refuerza el vínculo con la historia del arte y su rol político.
“América, como tal, no la toman en cuenta los países hegemónicos.”
El continente es reducido a periferia en el discurso global. Frente a ello, el arte aparece como medio de resistencia. Aguilar Tapia lo reafirma en el final de su texto:
“El arte es el mejor medio de acercar a los pueblos y transmitir sus experiencias, sus inquietudes y sus aspiraciones.”
Este posicionamiento inscribe su obra dentro de una tradición latinoamericana de arte político —de denuncia, de conciencia crítica, de resistencia cultural— en perfecta sintonía con los objetivos curatoriales de la Galería Marchal, una galería de arte de Costa Rica comprometida con el pensamiento crítico desde el arte.
Es crucial resaltar que esta obra fue creada en 2008, mucho antes de los eventos que hoy dominan el panorama internacional: guerras comerciales, ascenso de China como potencia tecnológica, crisis en las democracias liberales y auge de sistemas de control algorítmico.
“Actualmente las mismas computadoras no lo saben, ni tienen sentimientos. Es un idiota que hace solo lo que les han enseñado.”
En esta frase, Aguilar Tapia anticipa la paradoja de la Inteligencia Artificial: capacidad sin conciencia, eficiencia sin ética. El niño americano del siglo XXI, incapaz de distinguir entre un ser humano y un conquistador, es símbolo de una sociedad disociada de su propia historia.
Documentación que revela una trayectoria consistente, comprometida, y profundamente articulada con la historia del pensamiento crítico latinoamericano.
La obra “América y la Humanidad. Polarización vs Globalización” no es un simple ejercicio artístico. Es una advertencia, un grito, una profecía visual que desde 2008 nos alertaba sobre el camino distorsionado del mundo. En una época donde los datos reemplazan los sueños y las redes reemplazan la comunidad, Justo Aguilar Tapia propone —desde el arte conceptual— un acto de resistencia, de rehumanización y de memoria.
La Galería Marchal, como espacio curatorial del pensamiento visual latinoamericano, reafirma su compromiso con el arte que transforma, que incomoda, que despierta. En tiempos de algoritmos, suena con fuerza la voz del arte como archivo de lo que fuimos, advertencia de lo que podemos ser.
América y la Humanidad: Polarización vs Globalización
Entre contexto histórico y plástica
La obra “América y la Humanidad. Polarización vs Globalización”, creada en 2008 por el artista peruano Justo Aguilar Tapia, adquiere hoy un carácter profético inquietante. Para comprenderla en su totalidad, debemos comenzar por reconocer esta pieza dentro de su contexto histórico específico —los albores de la crisis financiera global de 2008— para luego examinar cómo trasciende su temporalidad inicial para convertirse en documento vivo del presente.
Estamos ante una obra que no se limita a la experimentación formal estéril, sino que manifiesta un compromiso sociopolítico inherente a las mejores tradiciones del arte latinoamericano. La calidad estética aquí no se contrapone al compromiso, sino que ambos se funden en una unidad dialéctica que potencia su mensaje.
Forma y materia como vehículos ideológicos
El uso dominante de tonalidades rojas y anaranjadas no responde a un mero capricho decorativo. Desde un análisis material-semiótico, observamos cómo estos colores constituyen una cromática de la urgencia que dialoga con la tradición expresionista latinoamericana. Los destellos amarillos funcionan como puntos de fuga ideológica que rompen la homogeneidad cromática dominante, representando espacios de resistencia.
La técnica es portadora de significado político. Así, la superposición de capas pictóricas y textuales que emplea Aguilar Tapia constituye un palimpsesto visual que rompe con la lectura lineal y unidireccional que el discurso hegemónico pretende imponer sobre la experiencia latinoamericana.
El cuerpo como territorio político
El cuerpo humano, tema recurrente en el arte conceptual latinoamericano, aparece aquí expuesto y serializado en múltiples figuras esquemáticas. Estas corporalidades no son meras representaciones anatómicas, sino manifestaciones de lo colectivo en lo individual, símbolos de la vulnerabilidad sistémica.
La figura humana central —una silueta negra con brazos alzados— emerge como elemento compositivo dominante. Representa la continuidad con la iconografía revolucionaria latinoamericana: un cuerpo que no es víctima pasiva sino agente de transformación social, situado deliberadamente en el centro cromático más intenso de la obra.
Texto como parte integral del discurso plástico
El texto inscrito —metodología vinculada a la tradición posrevolucionaria latinoamericana— funciona aquí como contrapunto narrativo visual. Estos manuscritos no son meros complementos estéticos sino elementos que rompen la hegemonía del ojo sobre la mente, estableciendo una dialéctica entre percepción y concepto.
La integración de texto e imagen constituye una democratización del discurso visual, permitiendo múltiples niveles de lectura que trascienden la exclusividad del código pictórico tradicional. Esta estrategia permite que la obra comunique simultáneamente con diferentes públicos y desde distintas capas de significado.
Continuidad y ruptura en la tradición latinoamericana
Desde un enfoque historiográfico crítico, Aguilar Tapia se inscribe en una genealogía de artistas latinoamericanos que han utilizado el arte como herramienta de denuncia. Sin embargo, la verdadera originalidad no consiste en el rechazo de la tradición sino en su reinvención crítica.
La composición fragmentada de esta obra, con espacios que se superponen y contradicen, refleja la experiencia fragmentaria de la modernidad latinoamericana: una vivencia simultáneamente integradora y excluyente, donde lo local y lo global establecen relaciones de tensión permanente.
El artista como intelectual público
La tradición del arte conceptual latinoamericano ha defendido siempre la figura del artista como intelectual comprometido. En esta línea, Aguilar Tapia asume plenamente ese rol al anticipar visualmente las crisis que sacudirían al planeta: polarización política extrema, guerras comerciales, despojo ambiental, y una humanidad sometida al algoritmo.
La densidad conceptual, la complejidad formal y la potencia crítica de “América y la Humanidad” nos recuerdan que el arte puede ser territorio de la utopía precisamente cuando es radicalmente crítico con la realidad.
Galería Marchal, como espacio dedicado al pensamiento visual latinoamericano, reafirma su compromiso con este tipo de arte que no se limita a representar el mundo sino que aspira a transformarlo.
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