Acrílico sobre lienzo | 76 × 80 cm | Arabesco-impresionista
Afrocaribeña. "Hermandad en Azul: El Renacimiento de la Jícara" (1996)
Hay obras que no se miran: se habitan. En 1996, Justo Alfonso Aguilar Tapia tomó una decisión radical: abandonar el trazo preciso de sus bitácoras para dejarse llevar por la mancha, el gesto y la vibración del color. El resultado es “Hermandad en Azul”, una pieza que nuestra comunidad ha señalado como la de mayor impacto visual dentro de la colección Afrocaribe.

Ficha Técnica de la Obra
Artista: Justo Alfonso Aguilar Tapia (1943-2014).
Título: Afrocaribeña. “Hermandad en Azul: El Renacimiento de la Jícara”.
Año: 1996.
Técnica: Acrílico sobre cartulina.
Dimensiones: 13.5 x 21.5 cm (vertical).
Serie: Afrocaribe 1980-2014.
Origen: Colección Permanente Galería Marchal, Costa Rica.
El umbral del Realismo Mágico Decolonial
¿Qué ocurre cuando una vasija deja de ser objeto y se convierte en útero cósmico? Esta obra marca el instante exacto donde la materia se espiritualiza. Lo hace desde una verdad íntima: una dedicatoria a un hermano en Perú, a miles de kilómetros del Caribe costarricense que Aguilar Tapia había hecho su hogar.
Para la Galería Marchal, el realismo mágico aquí no es una escuela literaria: es la constatación de que los afectos también migran, flotan y renacen. Es el paso del documento etnográfico a la aparición mística.
Análisis Visual: Una lectura de la mística
Lo primero que sorprende es el azul. No es un tono domesticado; es un azul que respira y parece contener el oleaje del Atlántico y la profundidad del espacio al mismo tiempo. Sobre ese fondo líquido-cósmico, emergen botes en forma de jícaras —recipientes tradicionales de la cultura afrocaribeña— que flotan desafiando la gravedad.
De una de ellas brota una figura femenina en un gesto de danza o ritual, ocupando un espacio propio con una piel que vibra en amarillos y rojos. No hay perspectiva renacentista; hay planos de energía que se superponen, donde la mancha sustituye al contorno.
Contexto Crítico Experto
Como analistas del legado de Aguilar Tapia en la Colección Marchal, identificamos esta pieza como un punto de inflexión técnico. Tras años de dibujo analítico en Limón y Cahuita, el artista emprende una liberación del gesto. La jícara, objeto cotidiano de la cocina caribeña, se transforma en matriz originaria.
Esta obra es un documento decolonial porque desafía el canon occidental al negarse a representar el cuerpo afrodescendiente bajo códigos realistas, reclamando en su lugar una soberanía estética y una espiritualidad visual propia.
Diálogos Globales: El Sur en Movimiento
Para situar esta pieza en el circuito internacional, la comparamos con otros pilares del arte afrodiaspórico:
Con Wifredo Lam (Cuba): Ambos sintetizan la figura con su entorno simbólico, aunque Aguilar Tapia lo hace desde una intimidad de diario personal.
Con Manuel Mendive (Cuba): Comparten la vibración cromática y la energía danzante, pero Aguilar concentra esa potencia en un formato reducido de alta densidad simbólica.
Con Ana Mendieta (Cuba/EE.UU.): Existe una conexión en el concepto del cuerpo femenino brotando de la tierra (o la jícara) como lugar de memorias ancestrales.
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